¿Irreal?

Posted on 19:19 by Kiros | 0 comentarios


Se hace el silencio, un inquietante silencio que recorre cada extremidad de su cuerpo tensando todos y cada uno de sus músculos. Una gota de sudor frío le resbala por la mejilla y tembloroso, avanza con precavido cuidado por el corredor que se dibuja frente a él. Cada paso que da, hace tambalear todos y cada uno de sus cimientos, revolviendo sus pensamientos y añadiendo más y más preguntas a las cuales él no es capaz de responder.

Se detiene, observa a su alrededor, el mundo visto desde esa perspectiva se presenta fantasmagórico, solitario, irreal, como si fuese el decorado de un pésimo telefilm de esos que prefieres no ver. Mira hacia atrás y los flashbacks le atraviesan provocando un derroche de sensaciones y sentimientos en su interior. Mira a sus pies, está cansado, tiene miedo, tiene frío y justo en ese instante empieza a llover. Intenta refugiarse en un pretencioso escaparate, pero éste se cae como si tan solo fuese cartón mojado, descubriendo que detrás no hay más que un silencio tan solo roto por esas gotas que le resbalan por el contorno de los ojos.

Apresuradamente saca el mapa que lleva en su mochila con la esperanza de recordar el camino a su destino, ése que estuvo trazando esperando disfrutarlo mientras descubría el mundo, pero hoy éste parece más lejano y tortuoso que ayer, lo que parecía estar claramente señalado, ahora es poco más que un borrón.

Guarda el mapa, se ajusta la mochila a la espalda y consigue resguardarse en esta habitación esperando a que o bien amanezca, o bien la noche le termine de atrapar.

Entonces y solo entonces, se despierta, y durante tres segundos, se permite el lujo de pensar que todo ha sido un mal sueño.

Kiros

Asfixiante.

Posted on 18:12 by Kiros | 1 comentarios

El tintineo de la lluvia le devuelve a la realidad y encarama hacia un lugar muy lejano el velo que hace unos instantes le envolvía, llueve... piensa, mientras que las gotas se arremolinan sobre el cristal, danzando sobre la superficie mientras inevitablemente se precipitan al vacío. Posa suavemente el rostro sobre el fino vidrio y cierra los ojos, como descansando y evadiendo la realidad, como si remembrara los auspicios de aquel trance que había corrido la misma suerte que las gotas que escuchaba deslizarse frente a él. Inspira suavemente y descubre los vestigios de un aroma perfumado extrañamente familiar.

Abre los ojos y observa meticulosamente el paisaje que le deparan sus ojos, la inmensidad bajo los grilletes de aquel cielo nublado. Vuelve a clausurar sus párpados, suspira, los vuelve a abrir e inconscientemente se encuentra avanzando por uno de los extensos corredores que contemplan la ciudad, tap-tap-tap, el devenir de sus pasos rasga el silencio de una calle inexplicablemente vacía. Tuerce llegado al vértice y descubre una preocupante e inherente tranquilidad, tranquilidad que solo aumenta su inquietud. Comienza a correr, primero con un tímido trote que, según va aumentando su desazón, deja lugar a una carrera nerviosa, con pasos entrecruzados e imprecisos, hundiendo sus pies en el agua, pero eso no le importa, necesita alcanzar la próxima esquina, está al alcance de su mano y la roza, virando su rumbo una vez más.

Frena en seco, centenares de paraguas apuntan presumidamente hacia el cielo sostenidos por una marea de personas en la cual se vé envuelto. Avanza dificultosamente, está empapado, la ropa le pesa y las gotas de lluvia corren libremente por sus mejillas. Mira a la gente a los ojos y descubre algo aterrador, lloran, lloran sin lágrimas, esconden su soledad y ahogan sus miedos en zapatos de tacón y chaquetas de colores. Su intranquilidad deja paso a la preocupación y decide abrise paso de cualquier forma entre el gentío, cada vez se va asfixiando más, sus ojos se van entrecerrando, cada vez más paraguas, cada vez más cabezas, cada vez más chaquetas de colores, cada vez más zapatos de diseño...y oscuridad.

(...)

El dulce tacto de unos labios se posan sobre los suyos, en su oído resuenan aquellas dos palabras que tanto le gustaba escuchar. Abre los ojos y se encuentra con aquellos dos luceros sin fondo rebosantes de indescriptible belleza y misterio, perdiéndose en su hipnótica mirada y sin pretender regresar, ella le sonríe mientras le dice que despierte, a él se le ilumina el alma, le devuelve la sonrisa y la envuelve entre sus brazos para susurrarle aquellas palabras de delicadeza inenarrable.

"No hay arma más poderosa que las palabras, ni herramienta más fructífera que una voz que las abrigue"



-Kiros-


Pianista.

Posted on 3:02 by Kiros | 10 comentarios

Un piano en un rincón da vida a esta habitación, tan efímero... A veces siento que puedo volar...
Belleza escondida detrás de ventanas luminosas, reflejos dorados que iluminan mis mañanas, sonrisas donde se ahogan los lamentos, virtud aparente, terreno por explorar (...)

Despierto empapado, fantasmagóricas formas rondan mi mente aún, mi respiración todavía entrecortada intenta amainar mientras que mi cabeza, ausente, intenta discernir a través de la penumbra qué es este lugar. Me incorporo vacilante y, con el primer paso, la vieja madera que recubre esta habitación empieza a crujir de misteriosa forma, sonido que me acompaña a cada paso que doy y que me hace preguntarme que rumbo debo tomar. Cierro los ojos, inspiro y acto seguido exhalo, vuelvo a inspirar, mis pulsaciones se van normalizando, decido proseguir y, en un momento de valentía, decido adentrarme a través de la puerta que franquea estas cuatro paredes. Avanzo despacio, precavidamente, intentando racionar los pestañeos, expectante cual serpiente calcula el momento exacto en el que se lanzará mortalmente sobre su presa, la diferencia es este presagio que me hace sospechar que esta vez yo no soy la serpiente.

Detengo mis pasos, cada músculo de mi cuerpo contraído por la tensión parece entrar en un estado de profunda relajación, mis ojos se cierran buscando agudizar mis sentidos a la par que mi mano busca una pared donde hallar reposo. En ese mismo instante, por mí oído empiezan a desfilar un sinfín de notas, notas que de forma ininteligible me hacen dar un paso, luego otro y así sucesivamente buscando inconscientemente el origen de aquellos acordes, ¿lo escucháis? jamás escuché melodía más bella, indescriptible, inenarrable...

Mis pasos se detienen, mis ojos se abren y con una calma contemplativa observo el esotérico lugar en el cual me hallo, un candelabro postrado en el centro ilumina tímidamente el corazón de la sala, un pequeño y gastado sillón rojo lo acompaña, al cual me dirijo de forma instintiva y en el cual inconscientemente me siento. Paralizado y sobrecogido, fijo mi mirada en una de las oscuras esquinas donde entre las sombras, el enigmático pianista hace del momento un sueño del cual jamás quiero despertar.


-Kiros-


El lienzo

Posted on 4:24 by Kiros | 1 comentarios

Redacto estas líneas mientras me pregunto sobre lo que es justo y no es justo en esta vida, muevo mi pluma al compás de una lágrima que recorre libremente mi rostro, para acabar precipitándose en la más absoluta de las oscuridades. Miro a mí alrededor y, entre la penumbra de la habitación, logro distinguir las formas de aquellos cuadros que componen el álbum de fotos de mis recuerdos.

Cierro los ojos y acaricio suavemente el muro de hormigón que compone una de las cuatro paredes que dan forma a este misterioso habitáculo, deslizo mi mano por la fría superficie no sin preguntarme con cierta melancolía el por qué estos muros albergan tanto misterio y, a través de su enigmático tacto hay una sensación que logro distinguir y, como no, la plasmo sobre este lienzo que hace las veces de papiro o de puerta al corazón.

Miro por la ventana, la noche envuelve la ciudad y un mar de estrellas decora elegantemente el cielo, cuya luz, como si de una sinfonía de luciérnagas se tratase, baila solemnemente con la Luna.

Vuelvo sombre mis pasos y poso mis ojos sobre una pintura que ocupa una posición predilecta en este lugar, la observo durante unos minutos en un silencio sepulcral. Cierro mis párpados y, por mi mente, empiezan a desfilar un sin fin de imágenes, de momentos e intuitivamente me dirigo a por mi pluma, no sin antes arrancar este trozo de papel y empezar a escribir sobre uno nuevo:

No hay palabras capaces de expresar lo carentes de sentido que estarían estas letras si tu no estuvieses aquí. Eres la inspiración que mueve mi pluma, la calma en la tempestad, quien me guía cuando mis pasos se pierden, pero también la única que los sabe encontrar.

Kiros


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