Rumbo a...

Posted on 2:43 by Kiros | 2 comentarios

¿Sentiste tú también estimado/a lector la decepción de aquel que esperaba encontrar tesoros en esta vida y solo logró hallar cofres vacíos?
¿Pensaste tu también que el peso de la injusticia caía sobre tus hombros y que tu voz era apenas un leve susurro entre los griteríos de aquellos que la habían reclamado?

Y sin embargo, el capitán de un barco no se siente engañado cuando el mar le golpea con toda su furia, ni tampoco cree que ha recibido un trato injusto por parte de su navío cuando este acaba por ceder ante la tempestad.

No, un buen capitán centra sus esfuerzos y lucha incansablemente por mantener su barco a flote, por cabalgar sobre las olas en un desesperado intento de seguir el rumbo y alcanzar aquel puerto con el que había soñado al zarpar.

Un destino, un rumbo...

¿Acaso alguna vez te marcaste un destino, un rumbo? ¿Te has sumido a las mareas de tu corazón para preguntarte qué quieres hacer con tu vida, con tu navío?

No tiene sentido afrontar las tempestades si no existe un destino por el cual merezca la pena luchar. En ese caso, lo mejor es no zarpar y guardar tus velas para vientos mejores que no las hagan gemir ni las desgarren.

Pero si decides empuñar el timón con la férrea decisión de seguir un rumbo marcado, con la firme intención de llegar a ese legendario puerto, entonces tu navío estará dispuesto a afrontar los vientos huracanados y las más peligrosas tormentas, sin importar el crujido de las cuadernas y con la plena confianza de que el restallido de las velas soportará la violencia del viento...

¿Qué quieres hacer con tu vida?

No, no me digas que es tarde para eso...
Nunca es tarde para darle un rumbo a tu navío.

¿Qué quieres hacer con tu vida?

Respondiéndome a mí mismo, os diré que no han sido escasas las noches en las que me he formulado esta pregunta recostado en la cama de la habitación de Kiros, no han sido escasas las tardes en las cuales desde la sombra de aquel árbol citado en mi anterior entrada me he preguntado por mi rumbo.

Sin duda alguna, cuando llegue al final, me gustaría haber invertido mi tiempo en algo de lo que no me arrepintiera con el paso de los años.

Citaré un famoso proverbio asiático:

Si un problema tiene solución ¿de qué te quejas?
Si un problema no tiene solución ¿de qué te quejas?

Kiros

2 comentarios:

Nika dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alejandro dijo...

Me permito un vulgarismo murciano:

¡¡Acho, acho, acho, acho, acho!!

Me gusta tío, me gusta esta entrada por encima de todas las demás. Expresa todo lo que lleva rondándome la cabeza, ¿para qué tanto esfuerzo si al final no hay final alguno? No tengo un destino fijo, ¿contra qué estoy luchando entonces? Por eso estoy dando media vuelta hacia puerto seguro, ahora que aún puedo, ahora que todavía no he cometido alguna desfachatez en pos de un destino desconocido.

Primero, marcar el destino, luego el rumbo a seguir, entonces zarpar.

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